El reino de Dios es grande
Lucas 17:21
Claro que sí, el reino de Dios es
grande. Nosotros lo hacemos crecer. Cada vez que usted evangeliza el reino
crece. Cada vez que usted discípula el reino crece. Cada vez que usted ora el
reino crece. Cada vez que usted hace algo para Dios, el reino crece. Entonces
hay que hacer algo para que el reino de Dios crezca.
Muchas veces viene la frustración porque no miramos los resultados que
nosotros queremos ver. Jonás estaba frustrado, confundido, y para ser honesto
estaba molesto. En otras palabras, estaba enojado con Dios. En esa condición se
puso a orar, y le dijo a Dios, yo he huido de tu presencia porque sabía que
eres un Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y grande en misericordia, y
que te arrepientes del mal. Al oír Dios sus palabras, le dijo: ¿Haces tu bien en
enojarte tanto? En respuesta a la queja de Jonás, Dios hizo una planta para
darle sombra del sol, solo para después mandar un gusano que dañara la planta y
se secara (Jonás 4:6-8).
Hace tiempo estaba acostado en la
cama y me hacía varias preguntas.
Simplemente a veces no lo entendemos. Hemos tenido crisis financieras y
han venido a golpear muy duro nuestro bolcillo. Confiábamos tanto en las
finanzas que me desocuparon del trabajo que tenía en el colegio. Estudiantes
que teníamos en la escuela ya no continuaron estudiando. Vinieron crisis en la
familia. La enfermedad de mi esposa, y la perdida de nuestro hijo de 15 años.
Por cierta razón algunas puertas se han cerrado para ministrar la
palabra de Dios. ¿Tendré yo la culpa? Quizá sí. Otras ni siquiera tengo la
idea. Sin embargo, una cosa sé, que Dios hace las cosas correctamente. Muchas
veces me he quedado enmudecido y no he podido hablar, porque si hablo, sé que
voy a cometer errores, y voy a decir cosas que no van en línea con la voluntad
de Dios. Antes batallaba para quedarme callado, pero he aprendido que, si no me
callo, Dios tomará el control de mi boca. No ha sido fácil, pero ha sido lo
mejor. (Lucas 1:20). Aquí encontramos algo que no es muy común entre
nosotros. Dios le dijo a Zacarias. “Y ahora quedarás mudo y
no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis
palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo”. A veces Dios tiene que
intervenir en tu vida. Porque si no lo hace, cometerás un error que te afectará
toda la vida.
Para poder entender esto, es necesario que el Espíritu Santo nos meta en alguna historia de la palabra de Dios. Esto me llevó a recordar a Jesús y sus discípulos. Por
tres años estuvieron con Jesús. Lo conocieron personalmente. Sanaban los
enfermos. Resucitaban muertos. Expulsaban fuera demonios. Todos los días
experimentaban las asombrosas enseñanzas que Jesús daba a grandes multitudes.
Presenciaron milagros donde multitudes eran alimentadas sobrenaturalmente. Las
tormentas se calmaban con el sonido de su voz. Jesús lo hacía con propósito.
Estaban experimentando el destino como nunca lo habían soñado. Habían alcanzado
la meta y el propósito supremo de sus vidas. ¡Nacieron para vivir esta vida! Al
menos eso es lo que pensaban. De repente, un día el Señor los interrumpió y les
dijo estas palabras. “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya;
porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os
lo enviaré” (Juan 16:7). En otras palabras, les dijo que las cosas
asombrosas que estaban experimentando iban a parar. De hecho, seria de mucha
ventaja para ellos si todo se detuviera allí.
En ese momento. Jesús les presentó una realidad mucho más grande que la caja de ideas que ellos habían hecho hasta ese momento. El paradigma en el que vivían estaba
a punto de ser aplastado para mostrarles una ventaja que no podían ver desde
donde estaban en ese momento.
Claro, la vida que llevaban era tan buena a su manera de vivir. Pero Jesús rompió ese
paradigma. Allí había mucho más de lo que ellos pensaban. Su reacción inicial
fue olvidar rápidamente lo que acababan de oír. No querían que su experiencia
actual terminara. ¿Qué podría ser mejor? Entonces de repente, cuando menos
esperaban. Sucedió lo imposible. Jesús se fue como les había dicho. Pero
antes de eso, se encontraron, no en medio de una de las increíbles aventuras
del ministerio de Jesús, sino reunidos alrededor de “un cuerpo muerto”
que preparaban para la sepultura en casa de José de Arimatea. Después se reúnen
en una tumba donde Jesús había sido sepultado. Es curioso cómo funciona la
mente humana. Siempre atendemos a recurrir a lo que conocemos basándonos en
nuestras experiencias pasadas. La forma en que fuimos criados o las cosas que
nos enseñaron y la cultura en la que crecimos. Y eso es exactamente lo que
hicieron los discípulos. Regresaron a lo único que sabían que era correcto. Se
habían acostumbrado a la emoción del ministerio de Jesús.
Cuando el murió. Lo primero que hicieron fue estar cerca de él. Así que cuando murió, lo primero que hicieron fue reunirse como iglesia en un hogar, pero esta vez la tuvieron
alrededor de un cadáver. Se reunieron en una tumba con mirra, lino y perfume.
¿Qué más podían hacer? Recurrieron a lo que conocían, que era estar cerca de él,
dondequiera que estuviera. Y aunque estaba muerto, al menos el culto lo
hicieron oler bien con todos los tratamientos que le habían puesto al cuerpo. Supongo
que les dio una falsa sensación de logro religioso.
Luego después de tres días, incluso esa ilusión les fue arrebatada. Al menos dentro de su
paradigma lo fue. Todavía no lograban entender la ventaja de la que Jesús les
había dicho: ¡La ventaja de su partida! La verdad es que Jesús estaba vivo y
completamente bien. ¡Simplemente no podían verlo! Jesús existía fuera de su
realidad actual donde estaba tratando de llamar su atención para poder sacarlos
de la imitación que se habían construido a sí mismos. “Mientras ellos se
lamentaban sabiendo que Jesús había muerto, él se paseaba por las calles de
Jerusalén”. No porque el culto tenga buen olor, o porque veas que el culto está
bonito, o porque los creyentes lloran en el altar, eso indica que Dios está allí.
Quizá el Señor está paseándose por las calles de tu comunidad, y ni siquiera lo
sabes. “Muchas veces no se adora a un Dios que vive, sino a un cuerpo muerto”.
La iglesia es el cuerpo de Cristo, y muchas veces estamos adorando en esa atmósfera.
El cuerpo está muerto, porque su Espíritu no está ahí.
Mientras observo esta historia sucedió algo extraordinario. Fue como si mi propia historia de vida se superpusiera este escenario. Que estaba viendo desarrollarse justo
frente a mí. En cierto nivel experimenté lo que los discípulos debieron haber
experimentado a través de su crisis.
Al igual que los discípulos, había llegado a creer que lo que yo había definido como mi
ministerio hasta este momento era la vida que debería de vivir hasta el final.
Y al igual que los discípulos, no había logrado ver el (factor ventaja) que existía
más allá de mi realidad actual. Tan pronto como pude vislumbrar más allá de mis
limitaciones, una realidad que ni siquiera sabía que existía, escuché el sonido
de Su voz que decía. ¡Todo debe morir primero! Todavía puedo escuchar esas
palabras hoy con la misma claridad con la que las escuché la primera vez. En
ese momento me di cuenta de que, si realmente queremos experimentar la plenitud
de Su poder de resurrección, primero tenemos que experimentar su muerte. No
puedes resucitar al menos que mueras primero. ¡Es bastante simple, en realidad!
“En un instante volvía a la normalidad” y puedo explicarlo ahora. Ahora sé lo
que tengo que hacer a continuación.
- Siempre queda otra ventaja por descubrir.
- Una nueva forma de ver las mismas cosas.
- Una perspectiva superior.
“Esto suena fuerte, pero muchas veces Dios tiene que matar tu ministerio para que lo vuelva a resucitar y puedas experimentar lo que él quiere”. No tiene
sentido intentar mantener vivo algo que Dios ha declarado muerto. Esta es la
realidad. Dios tiene un factor de ventaja para cada uno de nosotros. Es una
realidad que ni siquiera puedes soñar o imaginar. Es algo que existe fuera de
nuestro paradigma actual, pero que él desea mostrarnos desesperadamente. Una
vez que vi esta ventaja para mi vida, me embarqué en un camino que des
construyó gran parte de mi sistema de creencias y gran parte de lo que había
definido como mi ministerio. No, no fue fácil, por decir lo menos. ¿Pero valió
la pena? ¡Absolutamente!
No estoy diciendo que haya llegado. El viaje está muy lejos de terminarse. En muchos
sentidos, apenas ha comenzado. Siempre hay algo nuevo que descubrir. Una nueva
forma de ver las cosas. Una perspectiva mas elevada. Podemos en nuestra mente y
espíritu perseguir estas ventajas y realidades como está de forma continua.
Algunos de estos cambios serán pequeños y aparentemente insignificanticos, pero otros cambiarán tu vida e impactarán una trayectoria larga en tu vida. ¿Pero como se hace eso? ¿Cómo se mira lo mismo a través de un par de ojos diferentes?
Amplia tu paradigma.
Albert Einstein dijo: “No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos”. Estas son palabras profundas. Tendemos a buscar soluciones a los problemas dentro del contexto de nuestros paradigmas actuales, problemas que ni siquiera serian problemas si no fuera por paradigma en el que estamos.